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Agustín Chicuellar un Huatusqueño a la altura de Emiliano Zapata

Por Roberto López

Todos los que somos de Huatusco hemos escuchado el nombre de Agustín Chicuellar, sin embargo después de un breve sondeo con conocidos, llegue a la conclusión de que la mayoría de los huatusqueños ignora y no sabe lo que este personaje hizo y porque la ciudad y nuestra bella alameda llevan su nombre.
No quiero mentirles después de mi sondeo sentí un poco de vergüenza colectiva, así que me di a la tarea de investigar su labor social en beneficio de toda la región.

Encontré datos que me hicieron querer saber más de la historia de nuestro bello Huatusco, por lo mismo les comparto parte de lo que encontré, siendo mi única intención aportar un granito de arena en la promoción de la cultura e historia de nuestra región a las nuevas generaciones.

“A partir de la fundación de Córdoba, en 1618, el camino que se construyó entre México y Veracruz, atravesó por Huatusco y el comercio entre ambos lugares impulsó el desarrollo de la ciudad.

En la historia de las propiedades del lugar, se encuentra la del pueblo de Santa María Tatetla, cuyas tierras fueron ocupadas por la hacienda La Palmilla, desde 1697. En ese año, los indios solicitaron el amparo por tierras, vegas, ríos, montes y barrancas, que decían pertenecerles.  Cuando la institución la adquirió José de Ceballos, la hacienda fue propiedad del Colegio de San Ildefonso, que dependía de la Compañía de Jesús en la ciudad de Puebla, y probablemente antes formó parte de la hacienda Acazónica.

Más tarde se remataron al presbítero Luis Ugalde, cuyo apoderado era Juan Díaz de Cevalios, avencidado en Tehuacán, Puebla. Las tierras se alquilaban a los habitantes de Totutla, Axocuapan, Tenampa y Sochiapa; anualmente llevaban ganado cabrío, propiedad de Luis Ugalde, a pastar a las llanuras huatusqueñas desde Tehuacán. Cuando el propietario decidió vender sus tierras, fueron ofrecidas a tres acaudalados agiotistas, pero Agustín Chicuéllar Berístáin, de raza indígena, se propuso comprarlas para no estar a merced de los futuros dueños por el aumento de la renta. Calculó la difícil situación que enfrentarían sin terrenos propios. Entonces reunió a los campesinos pobres y a los medianamente acomodados de la ciudad de Huatusco y de los pueblos afectados; para organizar su adquisición fundó la Sociedad Agrícola Huatusqueña. Se encargó de resolver los obstáculos y después de 30 años de constantes viajes a Tehuacán, México, Puebla y Xalapa pudo realizar la compra. El 11 de julio de 1849, en Córdoba, aparece la compraventa de las tierras de agostadero, con la representación de Agustín Chicuéllar, bajo el nombre de Junta Administrativa de la Sociedad Agricultora de Huatusco.

Unas fuentes señalan que por el valor de $20’000.00, en 1854 se finiquitó la transacción de las tierras. El costo total del precio del terreno, más los gastos de escritura, alcabala y otros, sumaron 26 mil 500 pesos.
Los datos del acta de nacimiento de Agustín Chicuéllar se localizaron en el libro de bautizos del Archivo Parroquial, el día 30 de diciembre de 1791, y fueron publicados con el siguiente texto en el periódico local: En esta Parroquia de San Antonio Huatusco, a veintey siete de Agosto de setecientos noventa y siete, yo el Teniente de Cura don Antonio Prieto, Bautísé solemnemente, puse óleo y crisma a Juan Agustín de tres días hijo Iegítimo de Esteban Juan y de Ana María, fue su madrina Pascuala María, mujer de Esteban de la Cruz, Indios todos de este Pueblo, les advertí su obligación y parentesco espiritual y le firme: Antonio Prieto.

Como puede observarse solamente aparecen los nombres propios sin apellido en el asentamiento; pero era que por aquel tiempo los indios no contaban aun con apellido; lo adquirieron después, llamándose el padre de Don Agustín, Esteban Juan Chicueyac y la madre Ana María Beristain.

A instancias de José Apolinar Nieto, en 1864 se determinó fraccionar la tierra. Se habrían adquirido las tierras de los actuales municipios de Totutla, Axocuapan, Sochiapa, Tenampa, Huatusco y Tlacotepec de Mejía, que tras las gestiones y deslindes se distribuyeron entre los asociados. Las acciones eran aproximadamente mil, pero al final la lista creció a 4 mil accionistas.

Finalmente, realizaron las subsecuentes acciones para deslindar las tierras. Fue el propio Maximiliano de Habsburgo quien, a su paso por Huatusco, recomendó al ingeniero austríaco José Mefz, para el fraccionamiento del terreno. El ingeniero elaboró los planos y marcó con grandes zanjas las parcelas sin recibir pago alguno ni por la gente de Huatusco ni por Maximiliano. Con la posibilidad de algún día obtener el pago dejó los planos en un hotel de Veracruz antes de embarcarse a su país.

No obstante, la división ya estaba hecha y los bordos marcados fueron suficientes para que los usufructuarios de la tierra tomaran posesión entre 1865 y 1866. Respecto al fraccionamiento de la propiedad, Matías Romero nos da otra versión. Las bases para el fraccionamiento de las tierras las aprobó el Estado, quien contrató al ingeniero José Mefz. Éste comenzó el trabajo en agosto de 1864 y terminó en marzo de 1867; pagaron 6 mil pesos más los jornales de su cuadrilla de trabajo, lo cual arrojó un costo total de 10 mil pesos.

Durante los diez años que Chicuéllar administró los terrenos, lo hizo impecablemente; cada acción costaba $20.00 y como el objetivo era que nadie se quedara sin tierra, se vendía hasta un cuarto o media acción. A cada acción de $20.00, le correspondían 240 tareas de 900 varas cuadradas cada una (aprox. 150 ha), lo cual generó la elevación del precio de la tierra inmediatamente. En 1879, una tarea cercana a Huatusco costaba $5.00, pero los terrenos más lejanos y malos costaban $100.00 cada una.

Años más tarde, según el libro de actas del ayuntamiento de Huatusco, en diciembre de 1889, se asentó que
Jesús Páez había adquirido los planos en la ciudad de Veracruz por la cantidad de mil pesos.
Una «tarea» corresponde a 625 metros cuadrados y era la medida común; hasta la fecha se utiliza para referirse a una porción cultivada con café.

La superficie total de la compra fue de 16 sitios y 3 caballerías de ganado mayor, aproximadamente 28,234.64 hectáreas. Inicialmente la comunidad indígena se negaba a fraccionar porque acostumbraban trabajar la tierra en forma comunal. Sin embargo, de esta cantidad el municipio de Totutla compró 3 sitios y 3 caballerías (5,338.8 ha) por $6,300.00, a través de los integrantes de las Juntas Administrativas renovadas periódicamente, quienes fungían como apoderados.

En la junta de la Sociedad Agrícola Huatusqueña, celebrada el 11 de enero de 1849, participó como presidente de la Sociedad Agrícola Mateo Rebolledo; los demás integrantes fueron Marcos Páez, José Ignacio Alvarez, Agustín Chicuéllar, Ildefonso Sosol y Manuel de Acebo, secretario de la misma. En el acta de dicha junta se menciona que se había informado al jefe político del cantón sobre la resolución de la Junta General de accionistas y de que se instalaron comisiones. También consta que Marcos Páez propuso integrar el siguiente artículo al reglamento de la Junta:

“Considerando justo esta Junta comisionada, proporcionar una
retribución al C. Agustín Chicuéllar, para compensarle en parte sus
trabajos y afanes, como principal promovedor de la compra de estos
terrenos, tan útil y ventajoso a este vecindario; acordó en sesión de
hoy que, verificada la compra, el C. Chicuéllar y sus hijos lejítimos
quedarán exentos de contribuir para ella y disfrutarán por toda su vida
de los terrenos que necesiten para las labores y ganados de su
propiedad”.

La propuesta se puso a discusión, pero el mismo Chicuéllar la rechazó, argumentando que la Junta lo expondría a la crítica y se daría pauta para que dijeran que todos los pasos en la compra de terrenos, lo habría hecho para su propio beneficio; y a pesar de su pobreza estaba dispuesto a comprar las acciones que le fuera posible. No obstante, se acordó que de los fondos que obtuviera la empresa, debían pagarle todos los gastos que había hecho y los días que hubiera invertido en viajes y contestaciones  para resolver el asunto. Durante la sesión se aprobaron por unanimidad, tanto dicha propuesta -sin la votación de Chicuéllar-, como el reglamento general de la Sociedad Agrícola Huatusqueña.

Sin duda, la aprobación benefició a los pobladores, pero fundamentalmente a un sector que se convertiría en la clase política dirigente y económicamente poderosa, y que a fin de cuentas le confirió un amplio reconocimiento al proyecto de Agustín Chicuéllar. Leonardo Pasquel señala que Chicuéllar creó la Sociedad Agrícola Huatusqueña por la probable influencia del alemán Cari Cristian Sartorius, avecindado en El Mirador, Totutla.  El doctor Darío Méndez le confiere el título de fundador de la riqueza agrícola huatusqueña y de la pequeña propiedad; y Aguirre Beltrán asegura que aunque Agustín Chicuéllar pretendió que las tierras se explotaran comunalmente, la Junta de la Sociedad
votó por la titulación individual del latifundio y que por esa razón se disolvió la organización. En todo caso, la historia local lo reconoce como el benefactor que posibilitó que los indígenas tuvieran el primer reparto agrario que da se cuenta en la región.”

La increíble labor de Agustín Chicuellar sólo se compara con la del caudillo del Sur Emiliano Zapata quien durante la Revolución Mexicana lucho también por la repartición de tierra entre los más pobres del país.
La historia es importante para conocer el porque del presente, por lo tanto debemos promoverla entre las nuevas generaciones, personajes como Agustín Chicuellar no deben quedar en el olvido, todos los habitantes de las Altas Montañas debemos conocer su obra social.

Espero haber cumplido el objetivo, y gracias por leer. ¡No se olviden de ser Felices!

FUENTE: Fragmento tomado de la obra de Ismael Senara, Huatusco. Breves apuntes para la historia de esta ciudad y su jurisdicción. , México, Editorial Citlaltepetl, 1965.

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